El papel del secretario del consejo de administración en tiempos de inteligencia artificial.
Este post podría haberlo escrito una inteligencia artificial. Y, probablemente, el acta de tu próximo consejo de administración también.
Hoy existen herramientas capaces de asistir a una reunión, transcribirla, identificar intervenciones, resumir argumentos, extraer acuerdos y tareas pendientes y generar, en cuestión de segundos, un primer borrador de acta. Y creo que es una magnífica noticia.
Esto no pretende ser un alegato contra la inteligencia artificial. Más bien al contrario: quienes trabajamos alrededor de los órganos de administración tenemos delante una herramienta extraordinaria para eliminar muchas horas de trabajo mecánico. Pero su llegada plantea una pregunta que me parece mucho más interesante:
¿Levantar acta de un consejo consiste realmente en resumir lo que se ha dicho?
Creo que no. Durante mucho tiempo hemos convivido con actas excesivamente formularias. Una suerte de “sota, caballo y rey” societario: se reúne el consejo, se enumeran los asuntos tratados, se reproducen unas fórmulas más o menos conocidas y se deja constancia de los acuerdos adoptados. Casi copia-pega.
Pero el buen gobierno corporativo avanza precisamente en otra dirección.
Y no parece que esta evolución vaya a detenerse. Las nuevas tendencias regulatorias y los estándares de buen gobierno corporativo apuntan hacia exigir una mayor trazabilidad del proceso de toma de decisiones. Cada vez cobrará más importancia poder reconstruir no solo qué decidió el consejo, sino también cómo llegó a esa decisión: qué información recibió, qué alternativas se plantearon, qué riesgos fueron considerados, qué cuestiones suscitaron debate y, en definitiva, por qué una determinada decisión se entendió adecuada para la compañía.
De tal modo, el buen gobierno corporativo no comienza cuando se enciende la grabadora de la reunión. Empieza mucho antes.
Conocer la compañía y sus mecanismos reales de decisión. Entender sus antecedentes. Ayudar a construir el orden del día. Identificar qué información necesitan los consejeros. Anticipar cuestiones jurídicas. Saber qué asuntos requieren una deliberación especialmente cuidadosa y procurar que el proceso de toma de decisiones esté correctamente estructurado. Y tampoco termina cuando acaba la reunión.
Si utilizamos una metáfora cinematográfica, el orden del día podría ser el guion; la reunión, el rodaje; y el acta, el montaje final. La inteligencia artificial puede ser extraordinariamente buena registrando ese rodaje, ordenando las intervenciones e incluso proponiendo un primer montaje. Pero una película es algo más que la suma de todo lo que ha grabado una cámara: para entenderla hay que conocer el contexto, los antecedentes, qué escenas explican realmente la historia y cómo encajan unas con otras. Con un consejo de administración ocurre algo parecido: documentar adecuadamente el proceso de decisión no significa transcribir literalmente todo cuanto se dijo.
Y quizá el fútbol ofrezca otro buen ejemplo. Para entender un partido importa conocer el planteamiento, las decisiones que se tomaron y qué explica el resultado final, pero eso no exige publicar palabra por palabra la conversación del vestuario durante el descanso. En un consejo sucede algo parecido: una cosa es reflejar adecuadamente cómo se formó una decisión y otra convertir el acta en la grabación del vestuario. Es precisamente en ese espacio —entre lo que ocurrió, lo que resulta relevante y la forma adecuada de documentarlo— donde el conocimiento de la compañía, el contexto y el criterio jurídico siguen teniendo mucho que aportar.
Lo difícil es saber qué pertenece al acta y qué debe quedarse en el vestuario.
Y quizá ahí esté la paradoja. Cuanto mejor sea la inteligencia artificial transcribiendo reuniones, ordenando intervenciones, localizando antecedentes o preparando borradores de actas, menos sentido tendrá dedicar tiempo a esas tareas puramente mecánicas y más podremos dedicarlo a lo verdaderamente relevante: que el proceso de decisión esté bien estructurado, que el acta refleje adecuadamente cómo se ha llegado a los acuerdos y que, meses o años después, permita entender el contexto en el que se adoptaron.
En ese escenario, el secretario no compite con la inteligencia artificial. Se apoya en ella como una herramienta más al servicio de un mejor gobierno corporativo.
La IA puede ayudarnos con el guion, registrar el rodaje e incluso preparar un primer montaje. Pero entender la película sigue siendo otra cosa.
